África un camino hacia mi auto aceptación

Por Asami Gómez

“Por eso siempre he dicho que África fue un espejo a través del cual ¡por fin, logre mirarme!... Asami Gómez

¿Cuántas mujeres hoy día se la pasan viéndose al espejo, buscando satisfacer algo que no logran encontrar? Decía mi maestro Tito, “lo que no entiendo es: ¿Cómo es que no logran mirar lo maravillosos que son? Entre más me lo decía, más reflexionaba en el por qué no me levantaba y me miraba en el espejo para gritar un ¡hurra!, sino todo lo contrario sentir un peso en mis hombros y una decepción abismal, como un hoyo de insatisfacción por no ver lo que tenía que ser y también, lo que el mundo esperaría de mi ser.

Así, pues ante el apabullamiento mercantil de los prototipos de belleza, muchas transitamos desesperadamente, ante la inevitable realidad de que el 70% de las mujeres mexicanas, no somos el prototipo occidentalizado de la belleza estereotipada. Venimos de una complexión completamente diferente y revalorar nuestra belleza desde arquetipos inalcanzables, nos ponen ante dos salidas. Una, es lamentarnos profundamente de ello haciedo todo por cambiar, acudiendo a todo tipo de maquillajes, tratamientos, tinturas, operaciones, dietas, pupilentes, etc; y la otra es ponernos el reto maravilloso, de hacer un viaje al interior para poder trabajar con nuestra aceptación incondicional.

Les quiero compartir, el significado que implicó para mí llegar a África. Para las que no me conocen, les cuento que en el 2004 viaje a África Guinea Conakry, sin ninguna idea de lo que iba a vivir, sólo con un objetivo: Bailar. En ese entonces, no había You tube, Facebook, ni Instagram, de modo tal, que apenas logré comprarme una cámara para grabar mis clases, vender mi carro e ir austeramente, pero llegué. Estuve 6 meses aproximados, en Lanbandji en la Ciudad de Conakry, casa del Maestro M'Bemba Bangoura y viví una experiencia intensa, brutal, maravillosa e inolvidable.

¿Cuántas mujeres hoy día se la pasan viéndose al espejo, buscando satisfacer algo que no logran encontrar?

Pues resulta que me casé y eso tiene que ver con el primer punto que quiero compartir. Cuando llegue a Guinea, todavía la resaca de los valores de mis estudios del INBA, estaban muy presentes en mí, donde mi peso y talla, siempre constituyeron un problema. Eso derivó en una crisis existencial tremenda, que me llevó a subir 20 kilos en casi en 1 año y sufrir de compulsión alimenticia, aparte de considerarme fea e indeseable. El tema es que, mi susodicho esposo, cuando me eligió, no quitó el dedo del renglón hasta que lo logró. Desde el primer momento que hablé con él, me dijo: “Yo me voy a casar contigo” a lo que yo me reí mucho, pero así fue. Para mí fue muy raro y poderoso, que él se fijara en mí y con esa convicción. De hecho me tarde en captarlo, porque no podía creer que me estuviera eligiendo a mí y no a mi compañera curvilínea de ojazos negros. Entonces, ¿Qué pasa cuando llegas a un continente donde las gorditas y llenitas son muy solicitadas? Al menos para mí fue un shock, que me hizo caer redondita al matrimonio, historia que después les contaré. Pues la realidad es que ese apresuramiento vinculado a mi baja autoestima, donde me enamore perdidamente, me hizo pasar de un sueño a una pesadilla, pero eso después se los contaré. Así que la baja autoestima, es vital trascenderla, porque te coloca en un espacio vulnerable, para tomar decisiones ancladas en el miedo, aceptación y merecimiento.

Lo que quiero compartir, es que en otras partes del mundo, los hombres y las mujeres tienen otros estereotipos de belleza y son muy felices con sus lonjitas, pancitas, nalgotas y bustos frondosos. Entonces, la baja autoestima puede subsanarse si aprendes a mirar desde otras perspectivas culturales – lo positivo por supuesto -, pero sin duda a mí me súper me ayudó y me dio una perspectiva completamente diferente de mí misma. Por eso siempre he dicho que África fue un espejo a través del cual ¡por fin, logre mirarme!, Cuba fue otro.

Segundo, cuando al fin se me hizo ir a un ensayo de Les ballets Africains, pues estaba muy emocionada, cuando de repente, empezaron a llegar las grandes bailarinas y bailarines y ¡Oh!, para mi sorpresa, resulta que ¡eran gorditas y no sólo eso, eran mujeres maduras y hombres hasta viejos! De nuevo me quede boqui abierta, en principio porque ellas eran unas verdaderas divas y diosas caminando como reinas de un cuento; segundo porque no eran jóvenes y esbeltas; y tercero, por el gran pero gran respeto que les tenía en sus trayectorias. Así y con mi lagrimita “remi”, entendí que la concepción de la danza es cultural, sentí unas ganas tremendas de tomar un vuelo e ir la Academia de la Danza Mexicana, para gritarles a mis maestras, esas que me dijeron que era una obesa, esas que me compararon, que me daban de comer berros para adelgazar, pasando cada 15 días por la báscula, que ¡todas esas verdades no era unívocas! Y yo, no sólo me las creí, sino que me las apropié y sufrí mucho alrededor de esa basura conceptual.

Porque sentí que perdí mucho tiempo de mi vida queriendo ser otra de lo que siempre fui y ahora soy

Entonces, me juré compartir esto, por todas esas niñas, adolescentes que están en ese universo unívoco de verdades acerca de la danza y cuerpo. Porque sentí que perdí mucho tiempo de mi vida queriendo ser otra de lo que siempre fui y ahora soy. Honestamente estaba furiosa, pero ese enojo decidí convertirlo mejor en una oportunidad, para alta voz de esta parte marginal de la danza y dar espacio a que todas esas mujeres y hombres logren permitirse bailar plenamente.

Así, otros lentes culturales, nos permiten mirar nuestros cuerpos y modelarnos una aceptación de los linajes, de múltiples sabores, colores y formas. En una sociedad mexicana con rezagos de la conquista y la colonia, donde el clasismo y la discriminación son una realidad visibilizada, es que es momento de romper nuestros propios paradigmas enterrados en la memoria de nuestras abuelas, madres e hijas. África me enseño a mirar como ellos gustan de sus mujeres, pero aún más, que ellas se gustan así mismas y así caminan desde la diosa negra, moviendo sus caderas, donde quizá lo único que ellas poseen es su cuerpo, empoderadas, seguras y libres.

Entonces, amiga, hermana, alumna, espejo, ¿no consideras que es justo romper ya con los lastres patriarcales de los rezagos de la conquista habitados en nuestros cuerpo?, ¿no consideras que tenemos derecho a aplaudir nuestro tipo de belleza – el que sea – para poder disfrutar de nuestra sexualidad y sensualidad plenamente?; ¿no consideras que es tiempo de trabajarlo acompañando a tu cuerpo con respeto, cariño y cuidado amoroso, desde el cómo nos hablamos desde mirarnos al espejo en la mañana? Y finalmente, ¿Quién consideras que debe darte permiso, para ello?, porque la insuficiencia, nos coloca en una extrema exigencia que es muy difícil sostener y satisfacer. Solo te pido, que te des una oportunidad de respirar tu corazón, tu latido, tu cuerpo y diluir todo el dolor representado en juicio, necesidades ficticias, baja autoestima, ansiedad, miedo y falta de aceptación.

Hay muchas revoluciones en este mundo, pero la más importante es la revolución de nosotras mismas. Y lo mejor es que la danza africana, afro, afro descendiente, son espacios desde los cuales, lo podemos hacer juntas, no de manera aislada. Te invitamos a ser parte de esto.